¿Verdad que hacía mucho tiempo que no publicaba ningún artículo de la serie ‘Personajes’? Pues hoy, 8 de marzo, día internacional de la mujer, es el mejor día para volver a hacerlo, ¡porque hoy hablaremos de Jane Jacobs!
Ella es, en mi humilde opinión, una de las figuras más importantes e influyentes cuando hablamos de Criminología Ambiental, y en concreto en CPTED, y considero que muchas de sus aportaciones son atemporales, así que hoy le dedico esta entrada.
Cuando voy andando por la ciudad, a menudo me gusta buscar ejemplos que me sirvan para ilustrar mis conocimientos de Criminología Ambiental, especialmente de CPTED, ya que es fácil encontrar muchos.
Como algunos ya sabéis, hace un par de años publiqué un libro sobre iluminación y criminalidad, un tema que me interesa mucho, y del que hacía tiempo que no encontraba algo tan curioso como lo que os comparto hoy.
El otro día estaba viendo un documental de gladiadores para matar el gusanillo mientras TVE termina de estrenar nuevos capítulos de Ingeniería Romana (muy recomendable, por cierto), cuando me vino la inspiración divina para explicar un concepto muy importante de CPTED (Crime Prevention Trough Environmental Design), como es la vigilancia natural.
El caso es que se me ocurrió un símil un tanto descabellado para ilustrar de manera amena la vigilancia natural (uno de los principios de este conjunto de estrategias de prevención criminal), que es comparándola con los tipos de gladiadores. Os animo a seguir leyendo para descubrir la relación que hay entre estas dos cosas tan dispares.
El título de esta entrada quizá diga mucho o poco, pero en definitiva, aquí está, el ‘Proyecto Piracantas’, un documento que pretende ser un ejemplo de informe criminológico ambiental en el que llevo trabajando desde marzo, pero cuya génesis se remonta a febrero de 2015…
Todo empezó con lo que comento en este post, es decir, observando una zona de Madrid en la que detecté una falta de mantenimiento que provocaba problemas con la vigilancia natural, uno de los pilares de la CPTED (o prevención criminal mediante el diseño ambiental, para entendernos).
Así es como me puse manos a la obra y elaboré un proyecto en el que observaría la zona para valorar su deterioro a lo largo de las cuatro estaciones, es decir, durante todo un año. La idea también era poner en práctica lo que describo en mi libro ‘Luces y sombras en Criminología‘, y es que la base de todo buen proyecto de Criminología Ambiental, ya esté basado en la iluminación o no, debe contar con un periodo previo de observación al cambio, y un periodo de observación posterior al mismo.
No obstante, como en este caso, los cambios o mejoras no dependen de mi, hice lo que pude para analizar la zona durante un año, y poder así hacer un seguimiento lo más real posible.
Sentada en mi lugar de observación tras finalizar las fotografías para el informe / Marzo de 2016
Y ahora sí, para que vosotros podáis valorar este trabajo, que ha sido un poco largo y algo duro, pero muy interesante de realizar, nada mejor que compartirlo, íntegro y en formato PDF. Lo podéis descargar desde aquí. Si vas a usar este trabajo, recuerda citarme, y si quieres compartirlo, hazlo usando la fuente original.
La verdad es que tengo el diseño de mi web bastante dejado desde la última actualización, pero el contenido es lo que cuenta, y eso es lo que me estoy esforzando en mejorar 🙂
Gracias a todos por leer, ¡espero que estéis pasando un buen verano!
Otro lunes más, y yo vuelvo a la carga con la teoría de las ventanas rotas, pero esta vez en forma de artículo para Criminología y Criminalística; se ha publicado la semana pasada en dos partes, que os pego aquí en un bloque 🙂
En la imagen se pueden ver dos ejemplos que trato en el artículo; arriba, una obra del conocido como ‘pintor dorado’, y abajo un DIY (do it yourself) para convertir una cabina telefónica en una biblioteca.